Encanto natural y voz intacta

Encanto natural y voz intacta

Martes 16 de Noviembre de 2010

Difícil evocar en la cartelera de este año alguien más suave, natural y agradable que ella. Olivia Newton-John, una verdadera princesa del pop desde los años 70, retiene tres de las características que la convirtieron en un sueño para millones en todo el mundo: belleza de cuento, encanto genuino y una voz que nunca parece esforzarse demasiado, pero que contiene técnica, rango y potencia sin mella, pese al kilometraje artístico de exactas cuatro décadas. Como los grandes, Olivia desafía al tiempo y lo convierte en su aliado. De seguro ha pasado por el quirófano, pero las cirugías no son responsables de su gracia.

Aunque el ingeniero de sonido no supo dominar la acústica del Movistar Arena -la caja de la batería rebotó molesta durante el concierto-, los cinco músicos y dos coristas tendieron un manto musical perfecto para la interminable lista de éxitos de la cantante y actriz. Bastó superar la partida con “Mellow”, donde su registro lució algo destemplado, para continuar con “A Little more love” y ajustar los detalles con un par de agudos que arrancaron vítores y aplausos. A partir de ese momento, Olivia Newton-John condujo a la audiencia por distintos estados y épocas. A ratos desató euforia, en otros momentos dejó a todos pegados a sus sillas evocando un tiempo en que el pop sabía de romanticismo. La interpretación de “Sam”, por ejemplo -probablemente en el top five de sus mejores temas-, resultó emocionante. “Xanadu” y “Magic”, piezas de colección para bailar, convirtieron al Arena en un salón. Y ella siempre sonriente, con naturalidad. Ningún gesto de más, ninguno de menos.

Tras el medley country, arista donde también ha triunfado y que incluyó “Let me be there”, “Please Mr. Please” y “Jolene” (otra vez con agudos impecables), se pasó a “Don’t stop believin'”, ornamentada con una suave cadencia bossa nova. Luego vino una jugarreta de parte de Olivia: empezó a entonar “Physical” también en plan bossa. Bien, pero algo desilusionante no disfrutar de la versión original. Entonces cortó el tema y lo retomó tal como cuando se transformó en el primer himno aeróbico. Todo estudiado, fluido, para provocar un aplauso demoledor por respuesta, para una artista que resultaba difícil de imaginar en Chile. Pero Olivia Newton-John supo responder a la fantasía de muchos. Aún dueña de todas sus cualidades, sigue encantando.

Por Marcelo Contreras | El Mercurio

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